domingo, 26 de marzo de 2017

CUATRO EJEMPLOS DE ORGANIZACIÓN NACIONALISTA...

No existen estructúras mágicas que funcionen en todas las circunstancias y aseguren la supervivencia de una organización, mucho menos su victoria, pero pero sí distintos tipos de estructuras de las que pueden aprenderse ejemplos a seguir. La mejor estructura es aquella que se mejor se ajusta al mundo real que te rodea.


Cuatro textos que propongo discutir
Un teórico del nacionalismo, Venner; un escritor que llegó tarde a la política (si es que llegó), Mishima; un grupo de activistas que pensaban a medida que actuaban, Ordre Nouveau; un grupo legal y sin embargo celular de Estados Unidos, la National Alliance; y, finalmente, un guerrillero que tuvo que aprender a organizarse para no morir en el intento, Tom Barry. Cada uno de ellos cosas que enseñarnos. No ejemplos a seguir a ciegas pero sí lecciones a partir de las que tomar nuestras decisiones.

El teórico nacionalista
Dominique Venner fue un historiador y escritor francés, y una de las grandes influencias ignoradas del nacionalismo revolucionario español.
En ese texto Venner pronostica e indica el camino que seguirán los grupos nacional revolucionarios franceses de las décadas del sesenta y el setenta, propone la creación de una organización de combate monolítica y jerarquizada que agrupe a todos los nacional revolucionarios, aboga por la especialización del trabajo militante, y traza sobre todo una línea divisoria entre lo que él llama nacionales —término que en Francia define a una larga serie de personalidades independientes más o menos católicas, más o menos de derechas o incluso de centro, no gaullistas—de los nacionalistas, término que tal y como él lo emplea se corresponde al concepto español de nacional revolucionarios. Ese documento es el plan maestro a partir del que se construiran las alternativas nacionalistas en Francia durante largo tiempo y dada la influencia que el nacionalismo revolucionario francés ha tenido en España pueden encontrarse ecos del mismo en numerosos programas y alternativas de trabajo propuestas por Nrs españoles que ni siquieran conocen el mismo.

Fragmentos
En el origen del combate nacionalista, la dispersión de iniciativas y la debilidad de los medios iniciales habían concentrado en una pequeña cantidad de militantes la totalidad de las tareas. Lo que fue necesario durante una primera etapa se convierte en catastrófico cuando la organización se desarrolla. Algunos hombres orquesta se ven aplastados por innumerables actividades, tan necesarias las unas como las otras. En torno a ellos se adquiere la costumbre de dejárselo todo.
Por temor a ver una tarea ejecutada mediocremente por un nuevo titular el hombre orquesta continua haciéndolo todo él mismo. El espíritu de iniciativa desaparece y, con el mismo, las ganas de acción. Militantes valiosos se ven relegados al papel de masa de maniobra; pierden la fe y el entusiasmo.
En este estadio artesanal, todo el mundo debe saber de todo y nadie está a cargo de nada concreto. Las aptitudes personales de los militantes son ignoradas. El trabajo artesanal conlleva una extraordinaria perdida de energía y cualidad. Así se ha visto a un excelente periodista económico, muy conocido en Estados Unidos, encargado de repartir circulares del OAS en las oficinas de correo. Fue arrestado en el curso de una de esas operaciones que jóvenes partidarios, estudiantes, hubieran podido realizar en su lugar, mientras que nadie podía reemplazarlo en su especialidad allá donde su utilidad hubiera debido ser evidente. El hombre orquesta desbordado como el militante inutilizado se unen en un mismo sentimiento de ineficacia y desagrado. Tanto uno como el otro tienen conciencia de girar en el vacío. Hay una cantidad suficiente de militantes probados como para que la organización futura rechace ese trabajo artesanal que conllevaría su asfixia.
* * *
División del trabajo y centralización
La variedad de las actividades de la Organización, la diversidad de los medios que debe penetrar, el carácter a la vez visible e invisible de la lucha, imponen una división del trabajo que debe ir, en algunos casos, a la compartimentación. Este fraccionamiento por áreas de actividad, confiadas a responsables probados, se acompaña lógicamente de un mando único y centralizado en lo alto.
En el interior de cada área de actividades, la división del trabajo y la especialización de los miembros deben practicárse igualmente. Las organizaciones locales deben poder consagrarse con el máximo de eficacia a la acción, la centralización y la especialización de las tareas deben permitirlas esa posibilidad. Por tomar un ejemplo, el de la propaganda, más capaz de facilitar rápidamente un material adaptado a los grupos que las iniciativas artesanales, impotentes para luchar contra la propaganda contraria. Para sus militantes, la organización debe estar presente en todas partes, incluso entre el enemigo. La presencia de militantes en ciertos mecanismos económicos o administrativos puede ser de una utilidad infinitamente superior a su participación como simples maniobras en las actividades de un grupo de acción. La lucha no es única en sus formas. Es por eso que la división del trabajo debe ser aplicada igualmente en el escalón de las organizaciones locales. Los miembros deben de ser elementos activos del trabajo común, responsables de tareas precisas y no simples ejecutantes. Bajo estas condiciones se formarán militantes eficaces, organizadores, cuadros de mando.
Para una crítica positiva. Dominique Venner



El esteta como organizador político-militar
Yukio Mishima es la antitesis de Venner. Venner fue un político que acabó en el mundo de la literatura, Mishima un escritor, varias veces sonó su nombre como posible ganador del Premio Nobel, que entró en algo parecido a la política. Dos cosas destacan de estos párrafos... la más evidente, el amor a los uniformes, es sin embargo la menos importante. La más importante es el hecho de que para entrar en su grupo hacía falta pasar por una serie de pruebas físicas y un examen, así como el hecho de que su creador había decidido desde el mismo principio limitar su número en busca de la excelencia.

Tatenokai
La sociedad de los escudos que he formado está compuesta por menos de cien miembros, no dispone de armas y es el ejército más pequeño del mundo. A pesar de acoger a nuevos miembros todos los años, he decidido no superar los cien afiliados, pues no deseo mandar a más de cien hombres. No se les paga nada. Sólo se les proporciona un uniforme estival y otro invernal, birretes, botas y un uniforme de combate. Este último es extraordinariamente vistoso y fue diseñado por Tsukumo Iragashi, el único estilista japonés que creó uniformes para De Gaulle. La bandera de nuestra Sociedad es simple: un blasón rojo sobre seda blanca. Yo diseñé personalmente nuestro emblema, que consiste en un círculo que encierra dos antiguos yelmos
japoneses. El mismo dibujo aparece en los birretes y en los botones. Para ser miembro de la sociedad de los Escudos es conveniente ser estudiante universitario. Ello obedece a una razón bastante obvia: se es joven y se dispone de tiempo. Quien trabaja no puede concederse arbitrariamente largos periodos de vacaciones. Para ser admitido en la Sociedad se requiere además cumplir un mes de ejercicios militares en un regimiento de infantería del Ejército de Defensa y luego aprobar un examen.
Una vez convertido en miembro de la sociedad, se participa en una asamblea mensual donde se consagra a alguna actividad encomendada a grupos de diez; al año siguiente se pasa un nuevo periodo de adiestramiento en el Ejército de Defensa. Actualmente, los miembros de la Sociedad se están ejercitando para la marcha que se llevará a cabo sobre la terraza del Teatro Nacional el 3 de noviembre. La Sociedad de los Escudos es un ejército preparado para intervenir en cualquier momento. Es imposible prever cuándo entrará en acción. Tal vez nunca. O tal vez mañana mismo. Hasta ese momento, la Sociedad de los Escudos no cumplirá ningún otro cometido.
Tateno kai (La sociedad del Escudo).Yukio Mishima


Ordre Nouveau: práctica cotidiana y la militancia juvenil 
Ordre nouveau fue un grupo nacional revolucionario francés que transformó en gran parte la estética del nacionalismo revolucionario europeo en la década del setenta. Creado en noviembre de 1969 por un grupo de veteranos del disuelto movimiento Occident, respaldados por la organización universitaria GUD (Grupo Unión y Defensa o Grupo Unión y Derecho según el momento), el grupo enlazó con el nacionalismo francés de entreguerras con la presencia de François Brigneau, con el combate por la Argelia francesa y con los incidentes de Mayo del 68, en los que participó activamente Occident, su antecedente más inmediado. Recien fundado el grupo se le ofreció a Dominique Venner un puesto en su directiva, que este rechazó. ON se caracterizó por su capacidad para la improvisación, tardó meses en tener un local propio—se reunían en una brasseria—, funcionó sin tener prensa durante su primer año y sus primeros cárteles incluyeron el apartado de correos de otro movimiento político, que se lo prestó. Hay sin embargo elementos dignos de ser considerados dentro de su experiencia.

Como estaba organizado Ordre Nouveau
A pesar de su pretensión de presentarse como un “verdadero” partido político con la vocación de reunir a adultos, Ordre Nouveau no puede esconder que es, ante todo, un movimiento juvenil. Los mayores de 20 años siempre serán excepciones dentro del movimiento. Su estructura está compuesta por universitarios y, cada vez más, de estudiantes de instituto. La irrupción de los estudiantes de instituto en la vida militantes no es específica de ON. El izquierdismo conoce el mismo fenómeno. A menudo evocada, la simetría entre extrema izquierda y ON se convierte en algo real. Los estudiantes que vienen al nacionalismo como reacción contra el lavado de cerebro marxista tienen pese a todo su marca. Numerosos son los del 68 que a fin de cuentas, todo considerado, se sienten más cómodos del lado de la cruz céltica que de la estrella roja. Esos transfugas traen a ON formulas militantes, formas de ser, un cierto lenguaje. La influencia de François Duprat hace el resto. Es él quien introduce en ON la práctica de la autocrítica, con un grado desconocido hasta entonces entre los nacionalistas. Si frente al exterior, la propaganda de ON insiste en un cierto tipo de autoglorificación extrema, los análisis difundidos internamente carecen de complacencia. El boletín interno del movimiento comenta en estos términos el mitín del 13 de mayo de 1970. “Es verdad que la mayor parte de las intervenciones han sido demasiado nostálgicas. Efectivamente, era poco útil hacer un martirologio durante cuarenta minutos de los depurados de 1945, lo mismo con los tribunales de excepción de 1962. Pero hay cosas más graves: algunos excesos verbales, algunas llamadas a la violencia o incluso al asesinato, fueron inútiles no tan solo peligrosos. Los oradores eran demasiados y algunos hablaron demasiado tiempo. El mitín ha sido demasiado largo (acabo a las 0,30 horas)”.
Igualmente interesante, esta nota comunica a los jefes de sector tras las manifestaciones organizadas en diciembre de 1970 en París como protesta contra la represión de los alzamientos obreros que se producen en aquel momento en Polonia. Reunidas de boca a oreja, son un gran éxito: “La manifestación del viernes 19 a reunido trescientas personas del movimiento, más cien extras. Se puede estimar en unas setecientas personas las que participaron en la del lunes 22. Había una proporción demasiado grande de jóvenes en la manifestación”. Si Occident consideraba la juventud de sus efectivos como una oportunidad, ON tenía tendencia a sufrirla como una maldición.
[…/...]
Hasta junio de 1972, el movimiento permanecerá obstinadamente unido al principio de colegialidad. Las poderosas personalidades de François Duprat y Alain Robert dominan la gestión de los asuntos diarios, pero no se trata de tomar decisiones importantes sin consultar a los veteranos de la oficina política, François Brigneau et Gabriel Jeantet (que fue uno de los padrinos de Miterrand para la concesión de la Francisca). Las tendencias no tienen derecho a existir en ON. Se discute mucho, se confrontan opiniones, a veces con dureza, pero la línea general debe aplicarse a todos (entre los comunistas eso se llama centralismo democrático). Lo monolítico del movimiento y el cuidado con que afirma su diferencia se traducen con una línea gráfica de una coherencia extrema. Carteles, folletos, titulares de la prensa y pancartas se caracterizan por un grafismo peculiar que será retomado por los movimientos nacional revolucionarios de toda Europa.
Ratas negras. Autores varios


El raro ejemplo norteamericano: National Alliance
Al contrario que con los otros ejemplos no tenemos muestras de literatura propia de este grupo acerca de sus métodos organizativos, sin embargo el único grupo NR estable y digno de estudio, al menos de forma positiva, de las últimas decadas en Estados Unidos. Trabajando en el corazón de una cultura cada vez menos europea, NA estructuró una organización a un tiempo legal y semiclandestina, que insistía sobre todo en la disciplina interna y, mientras vivió su líder, funcionó bastante bien entre los años 1974 y el 2002. Hay muchas cosas que aprender de un ejemplo tan aparentemente exótico para un partido europeo como puede ser una organización norteamericana. La primera lección es aprender a madurar. El grupo nació como grupo juvenil pero se convirtió en partido adulto y cuando lo hizo cambió en tipo y nombre de sus publicaciones, pasó de tener un tabloide de grandes titulares y cabecera agresiva a tener una revista del mismo formato que Time o Newsweek, y realizó la misma puesta al día en todos sus emblemas, banderas y lemas, sin cambiar su orientación.
En la década del sesenta, William Luther Pierce, fundó su propia organización tras haber pasado por varios grupos folklóricos que insistían en vivir en la década del treinta, y haber visto de cerca el fracaso de la vía electoral a traves de su participación en la campaña de George Wallace, ex-gobernador de Alabama y el candidato demócrata segregacionista a la presidencia de Estados Unidos. El grupo existió inicialmente como grupo juvenil, National Youth Alliance y después como partido político.
Varias cosas separaron ese grupo de los numerosos grupos similares aparecidos en Estados Unidos.

Propaganda: Ante todo la calidad de su propaganda. Después de publicar una revista formato tabloide, ATTACK!, en la época de la NYA la National Alliance tuvo una revista de formato mensual, National Vanguard, bien ilustrada, escrita y revisada por un equipo de universitarios, que unió artículos cientificos e históricos junto a análisis políticos, todo con una presentación claramente profesional.
La National Alliance creo uno de los primeros webs nacionalistas de Estados Unidos, adoptó todos los nuevos medios de comunicación apenas aparecieron, compaginándolos con los más tradicionales. Revistas, flyers, un boletín interno—que se llamó primero Action! y después, mássobriamente, National Alliance Bulletin—, junto a juegos para computadora especialmente creados por el grupo.
Pierce comprendió rápidamente el poder potencia de las nuevas tecnologías a medida que estar surgían y las adoptó a medida que aparecían. En una entrevista con una revista juvenil, Barbarian, Pierce declaró: “Nuestro objetivo es contruir el mejor instrumento educativo que podamos para alcanzar y educar a nuestro pueblo. Queremos ser capaces de expresar nuestro mensaje a través de cada medio que podamos emplear efectivamente y comunicarlo de forma continuada a todo nuestro pueblo.”
Su propaganda era a la vez flexible en los medios, dando bastante autónomia en cuanto a estos a sus responsables regionales y locales y controlada en cuanto al contenido. Así uno de sus miembros patrocinó un coche de carreras en competencias locales de Carolina del Norte, otro colocaba mesas en ferias renacentistas donde vendía discos que mezclaban música medieval o renacentista con canciones folk de contenido nacionalista. Y sin embargo existía una disciplina en el mensaje. William Pierce exigía que todo material de propaganda le fuera mostrado y fuera aprobado por el partido antes de su publicación. Eso permitió impedir la aparición de sectas dentro del grupo central, dio coherencia al trabajo a nivel nacional y mejoró la imagen del grupo a nivel nacional.

Estabilidad económica y Presencia en el mundo real: Pierce y NA crearon una distribuidora de libros a partir de una base central física real, no un apartado de correos, un enclave de 346 acres en Virginia Occidental, con almacenes, salas de conferencias, un centro editorial. Ademàs varias empresas dedicadas a la música juvenil, su propia marca de ropa y accesorios.
En el momento de morir Pierce el grupo tenía presencia en treinta estados y 1500 miembros, lo que puede parece poco para un país del tamaño de un continente, como es el caso norteamericano, pero supera a la mayor parte de los grupos similares.
Los miembros estaban organizados en unidades o, allá donde había muy pocos, proto-unidades de tipo celular. Los miembros de las celulas tienen que reunirse una vez al mes para discutir temas ideológicos, mantener actividades de contactos, repartir la propaganda del grupo y discutir medios para reclutar nuevos miembros, a menudo de forma individual. Dos veces al año, Pierce reunía a cincuenta miembros escogidos de la organización y conducía retiros de formación en su cuartel de Virginia Occidental.
La calidad de la propaganda, la estabilidad económica del grupo, su disciplina interna y coherencia, y su presencia en el mundo real convirtieron a la NA en una entidad a tener en cuenta que lejos de vivir aspirando a miembros de otros grupos era capaz de reclutar directamente de la calle, o incluso de los campus universitarios, y que logró pasar de ser un grupo juvenil en los años setenta a un partido que presumía de tener en sus filas no sólo universitarios, sino profesores, profesionales, jueces y miembros de las clases profesionales en ruptura con la imagen del joven nacionalista violento que representaba a otros grupos.
Material recopilado y reelaborado por equipo de autores.


El IRA: Organización de las Columnas Volantes en tiempos de guerra
Si Venner habla en la teoría, Ordre Nouveau recuerda su práctica, y Mishima se entrena para ayudar al ejército de su país,Tom Barry y el IRA combatieron en una guerra de baja intensidad. Tom Barry fue uno de los oficiales más jóvenes del IRA, jamas colocados al frente de una de sus Columnas Volantes. Mientras que el IRA mantenía una estructura paramilitar de base territorial en que cada brigada o compañía estaba ligada al condado o ciudad en que era reclutada, favoreciendo la coherencia de un grupo que estaba formado por viejos amigos, vecinos y parientes más o menos lejanos, las Columnas Volantes eran unidades reclutadas de
acuerdo a las necesidades del momento, por los jefes de cada condado, dotadas de autonomía y capaces de moverse campo a través a pie o bien motorizadas. Se trataba de unidades irregulares y autosuficientes acostumbradas a vivir sobre el terreno y a expensas del enemigo.

La organización de la Columnas Volantes
Durante largos meses, hasta septiembre de 1920, numerosos oficiales nacionalistas, dispersos a través de toda Irlanda, pensaron en los medios necesarios para asegurar la existencia de una Columna Volante. Por extraño que pueda parecer, para el IRA de Cork Occidental el objetivo que debía primar en toda Columna Volante, en la situación imperante, no era combatir sino seguir existiendo. La misma existencia de esa formación, incluso si no lanzaba ningún ataque, era un desafío constante lanzado contra el enemigo, que le obligaba a mantener guarniciones importantes para prepararse frente a los atentados, comprometiendo su fuerza armada para asegurar la protección de su autoridad civil. Una columna de ese tipo continuamente en movimiento debía afectar seriamente la moral de las guarniciones. Permanecía el símbolo más perfecto de nuestra nación. ¿Acaso no era la Columna Volante del Ejército del Pueblo? La Columna Volante atacaría cada vez que pudiera causar más pérdidas que las que pudiese sufrir. Escogería su propio cambo de batalla, y, cada vez que esto fuera posible, rechazaría el combate si las circunstancias la eran desfavorables. Por el contrario, buscaría al enemigo y presentaría combate sin aceptar siempre, necesariamente, su desafío.

La Columna debía evitar el desastre a toda costa; ciertamente, a veces, por el bien de todo el movimiento, estaría dispuesta a asumir bajas, a condición de que permaneciese una cantidad suficiente de hombres armados y experimentados para crear una nueva unidad.
La Columna Volante tenía por misión permanente el acosar, matar y destruir a las fuerzas enemigas; romper el esfuerzo del ocupante para reconstruir su administración civil, duramente puesta a prueba; guardar y proteger los edificios que albergaban nuestras instituciones estatales, así como las personas que las elaboraban y hacían funcionar. La misión de esa punta de lanza del Ejército del Pueblo era pesada, considerando los efectivos y recursos del enemigo en
relación con nuestra propia debilidad en efectivos, material y experiencia. Una Columna Volante, mal organizada y despreocupada por la seguridad, no habría durado ni una semana sin sufrir un desastre. Sólo los mejores Voluntarios, bien mandados, instruidos y disciplinados, podrían permitir que la Columna realizase su misión.

He aquí los principios en vigor desde la creación de la Columna de Cork Occidental.
1. El mando de la Columna Volante de la Brigada era absoluto. Nadie podía mezclarse con las atribuciones del comandante de la Columna. Sus decisiones eran personales y no se sometían a la aprobación de ninguna autoridad interior o exterior a la Columna. Era el único responsable y en caso de fracaso el único culpable. Nadie podía compartir su autoridad y nadie podía compartir su responsabilidad en caso de desastre.
2. En cada Batallón y cada Compañía de la Brigada, todos los recursos, debían ser puestos a disposición de la Columna Volante. Sin esos elementos organizativos, la eficacia de la Columna Volante sería nula y su existencia reducida.
3. Sólo Voluntarios escogidos serían aceptados para servir en la Columna Volante. Los hombres que no entrasen de corazón constituirían un peligros para la misma. Todos los oficiales de los Batallones y Compañías deberían pasar un periodo al servicio de la Columna, pero sin ser obligados. Sin embargo, cualquier oficial que escapase de ese servicio sería considerado como inepto para permanecer como oficial del IRA.
4. Se señalaría a los nacionalistas que se alistarían como Voluntarios en la Columna Volante la disciplina reinante. Esa disciplina no podría ser sino rigurosa. Se les señalaría también el hecho de que la movilidad era una de sus condiciones esenciales; que tendrían que recorrer largas distancias a pie, que no comerían sino cuando tuvieran víveres, que dormirían al raso sino había ningún alojamiento disponible y, de forma general, que llevarían una vida dura y primitiva. Cada hombre debía saber también que luchaba contra fuerzas superiores y que la Columna estaba continuamente en peligro de destrucción.
5. Los oficiales y jefes de sección eran nombrados por el comandante de la Columna, independientemente del grado que tuviera el Voluntario antes de ser destinado a la misma. Así, un teniente de Compañía podría ser nombrado como jefe de sección y el teniente podría ser juzgado como preferible a un comandante de Batallón.

Guerrillero en Irlanda. Tom Barry

sábado, 25 de marzo de 2017

Por qué la revolución no será tuiteada

Por qué la revolución no será tuiteada
Por Malcolm Gladwell
Este artículo fue publicado originalmente en la web de The New Yorker,
y corresponde a la edición impresa del 4 de octubre de 2010

A las 4:30 de la tarde del lunes 1º de febrero de 1960, cuatro universitarios se sentaron en la cafetería Woolworth en el centro de Greensboro, en Carolina del Norte. Cursaban su primer año en la Universidad Estatal de Agricultura y Tecnología de Carolina del Norte, una universidad de negros, a un kilómetro y medio de distancia.
–Quisiera una taza de café, por favor –le dijo uno de los cuatro, Ezell Blair, a la camarera.
–Aquí no atendemos negros –contestó ella.
El mostrador de la cafetería Woolworth era una barra en forma de L en la que podían sentarse 66 personas; había además una barra de pasabocas ubicada al extremo, donde solo se podía estar de pie. Los asientos eran para blancos. La barra del extremo para negros.
Otra empleada, una mujer negra que trabajaba en la cocina, se acercó a los estudiantes y trató de advertirles que se fueran. “Se están comportando como idiotas, ignorantes”, dijo. No se movieron. Alrededor de las 5:30 de la tarde las puertas de la tienda se cerraron. Ninguno de los cuatro se movió. Finalmente salieron por una puerta lateral. Afuera, una pequeña muchedumbre se había reunido, incluido un fotógrafo del Greensboro Record. “Volveré mañana con toda la universidad”, dijo uno de los estudiantes.
A la mañana siguiente, la protesta había crecido a veintisiete hombres y cuatro mujeres, la mayor parte perteneciente a la misma residencia estudiantil de los cuatro iniciales. Los hombres llevaban traje y corbata. Los estudiantes habían ido con sus tareas y estudiaban sentados en la barra. El miércoles se sumaron alumnos de Dudley High, la escuela secundaria negra de Greensboro, y el número de manifestantes aumentó a ochenta. Al llegar el jueves, ya eran trescientos, incluidas tres mujeres blancas de la universidad. El sábado, la multitud sentada había llegado a seiscientos y se había extendido hasta la calle. Adolescentes blancos hacían ondear banderas confederadas. Alguien tiró un petardo. Al mediodía, llegó el equipo de fútbol americano de la universidad: “Ahí viene el equipo de demolición”, gritó uno de los estudiantes blancos.
El lunes siguiente, las sentadas se habían extendido a Winston-Salem, a 45 kilómetros de distancia, y Durham, a 90 kilómetros. El martes, estudiantes del Fayetteville State Teachers College y del Johnson C. Smith College, se les unieron, seguidos el miércoles por estudiantes del St. Augustine’s College y la Universidad de Shaw. El jueves y el viernes, la protesta cruzó las fronteras del estado, emergiendo en Virginia, en Carolina del Sur y Tennessee. A fin de mes, había sentadas en todo el sur, incluso en lugares tan al oeste como Texas.
“A cada estudiante que me crucé le pregunté cómo había sido el primer día de sentadas en su campus”, escribió en la revista Dissent el politólogo Michael Walzer. “La respuesta era siempre la misma: ‘Fue como una fiebre. Todo el mundo quería ir’ ”. Finalmente, acabaron participando alrededor de 70.000 estudiantes. Miles fueron arrestados e incontables más judicializados. Estos hechos ocurridos a principios de los sesenta se convirtieron en una guerra por los derechos civiles que arrastró al sur durante el resto de la década –y sucedieron sin email, mensajes de texto, Facebook, ni Twitter–.
El mundo, nos dicen, está en medio de una revolución. Las nuevas herramientas de los medios de comunicación social han reinventado el activismo. Con Facebook, Twitter y similares, la relación tradicional entre la autoridad política y la voluntad popular ha sido alterada. Gracias a estas herramientas los que no tienen poder cuentan con la facilidad de colaborar, coordinar y expresar sus preocupaciones. Durante la primavera de 2009, cuando 10.000 manifestantes se tomaron las calles de Moldavia para protestar contra el gobierno comunista de su país, la acción fue llamada “revolución Twitter”, por el medio que había reunido a los manifestantes.
Unos meses después, cuando las protestas estudiantiles estremecieron a Teherán, el Departamento de Estado iraní dio el inusual paso de pedir a los directivos de Twitter que suspendieran las reparaciones que tenían previstas para su sitio web, porque el gobierno de Irán no quería que esa herramienta crítica quedara fuera de servicio en el momento álgido de las manifestaciones. “Sin Twitter el pueblo de Irán no se habría sentido con suficiente poder o confianza como para alzarse por la libertad y la democracia”, escribió Mark Pfeifle, un antiguo asesor de seguridad nacional, después de que se nominara a Twitter para el Premio Nobel de la Paz.
Si antes los activistas se definían por sus causas, ahora se definen por sus instrumentos. Los guerreros de Facebook se ponen en línea para promover el cambio. “Ustedes son la mayor esperanza para todos nosotros”, declaró James K. Glassman, un antiguo alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano, a un grupo de ciberactivistas en una conferencia reciente patrocinada por Facebook, AT&T, Howcast, mtv y Google. “Sitios como Facebook”, declaró Glassman, “le dan a Estados Unidos una ventaja significativa sobre los terroristas. Hace tiempo dije que Al Qaeda estaba comiéndonos en internet. Ya no es así. Al Qaeda se ha quedado en la Web 1.0. Internet ahora es interactividad y diálogo”.
Ésas son afirmaciones tajantes pero confusas. ¿Qué importa quién se come a quién en internet? ¿Es la gente que ingresa a su página de Facebook la gran esperanza para nosotros? En lo que respecta a Moldavia y su llamada “revolución Twitter”, Evgeny Morozov, un académico de Stanford que ha sido el más persistente de los críticos del evangelismo digital, señala que Twitter tuvo una importancia interna marginal en un país en que existen pocas cuentas de esta red social. Tampoco parece haber sido una revolución en sentido estricto, al menos porque las protestas –como sugirió Anne Appelbaum en The Washington Post– bien podrían haber sido un montaje preparado por el gobierno. (En un país temeroso del revanchismo rumano, los manifestantes izaron una bandera de Rumania en lo alto del edificio del Parlamento.) Mientras en el caso iraní, la gente que tuiteaba sobre las manifestaciones estaba casi toda en Occidente.
“Es hora de aclarar el papel de Twitter en los sucesos de Irán”, escribió Golnaz Esfandiari el verano pasado en Foreign Policy. “No hubo una revolución Twitter en Irán”. Según Esfandiari, todos los prominentes blogueros –con la estrella de las redes sociales, Andrew Sullivan, a la cabeza– malinterpretaron la situación. “Los periodistas occidentales que no podían –o que ni siquiera intentaban– tener contacto directo con la gente en Irán simplemente buscaron entre los tuits publicados bajo la etiqueta #iranelection. A nadie pareció interesarle saber por qué la gente que trataba de organizar protestas en Irán escribía en cualquier otro idioma que no fuera el persa”.
Parte de esa rimbombancia era de esperarse. Los innovadores tienden al solipsismo. A menudo quieren embutir cada hecho y experiencia dentro de su nuevo modelo. Como escribió el historiador Robert Darnton: “Las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han producido una falsa conciencia con respecto al pasado; incluso la idea de que la comunicación carece de historia, o no tiene nada importante que considerar antes de los días de la televisión e internet”. Pero hay algo más ahí, en el sobredimensionado entusiasmo hacia las redes sociales. Cincuenta años después de uno de los más extraordinarios episodios de cambio social en la historia de Estados Unidos, parecemos haber olvidado la esencia del activismo.
Greensboro a principios de los sesenta era el tipo de lugar en el que la insubordinación racial se enfrentaba a diario con la violencia. Los cuatro primeros estudiantes que se sentaron en el mostrador estaban aterrorizados. “Supongo que si alguien hubiera llegado por detrás y gritado ‘¡Buuu!’ me hubiera caído del asiento”, declaró uno de ellos más tarde. El primer día, el administrador de la tienda avisó al jefe de policía y éste envió de inmediato a dos agentes. El tercer día, un grupo de matones blancos se presentó en el mostrador y se ubicó detrás de los manifestantes, murmurando epítetos ominosos como “negros cabeciquemados”. Un líder del Ku Klux Klan apareció. El sábado, a medida que crecían las tensiones, alguien llamó con una amenaza de bomba, y toda la tienda tuvo que ser evacuada.
Los peligros eran aún más claros en el Proyecto del Verano de la Libertad de Mississippi de 1964, otra de las campañas del Movimiento por los Derechos Civiles. El Comité Coordinador Estudiantil No Violento reclutó a cientos de voluntarios blancos del norte para administrar las “escuelas de la libertad”, registrar votantes negros y promover la preocupación sobre los derechos civiles en el Profundo Sur. Se les instruyó: “Nadie debe ir a ninguna parte solo, sobre todo no en automóvil y desde luego nunca de noche”. Pocos días después de llegar a Mississippi, tres voluntarios –Michael Schwerner, James Chaney y Andrew Goodman– fueron secuestrados y asesinados. Durante el resto del verano, 37 iglesias negras fueron quemadas y docenas de casas francas bombardeadas; los voluntarios fueron golpeados, tiroteados, arrestados o perseguidos por camionetas llenas de gente armada. Una cuarta parte de los que estaban en el programa lo abandonaron. El activismo que desafía el statu quo –que ataca problemas profundamente enraizados– no es para los ánimos vacilantes.
¿Qué hace que la gente sea capaz de ejercer este tipo de activismo? El sociólogo de Stanford, Doug McAdam, comparó a los que abandonaron y los que se quedaron en el Verano de la Libertad, y descubrió que la diferencia clave no era, como cabría esperar, el fervor ideológico. “Todos los voluntarios –participantes y retirados por igual– resultaron estar sumamente comprometidos, educados en los objetivos y valores del programa”. Lo que más importaba era el grado de conexión personal del voluntario con el Movimiento por los Derechos Civiles. Todos los voluntarios tenían que dar una lista de contactos personales –la gente que querían mantener informada sobre sus actividades–, y los que participaron, a diferencia de los que abandonaron, eran más dados a tener amigos que también iban a Mississippi. El activismo de alto riesgo, concluye McAdam, es un fenómeno que supone fuertes lazos personales.
Esta constante reaparece una y otra vez. Un estudio de las Brigadas Rojas, el grupo terrorista italiano de los setenta, encontró que el 70% de los reclutas tenía por lo menos un buen amigo que ya hacía parte de la organización. Lo mismo vale para los hombres que se unieron a los mujaidines en Afganistán. Incluso acciones revolucionarias que parecen espontáneas, como las manifestaciones de Alemania Oriental que condujeron a la caída del Muro de Berlín, eran en su núcleo un fenómeno de fuertes lazos personales. El movimiento opositor de Alemania Oriental consistía en varios cientos de grupos, cada uno de ellos con alrededor de una docena de miembros. Cada grupo tenía un contacto limitado con los otros; en aquel momento solo el 13% de los alemanes orientales tenía un teléfono. Lo único que sabían era que los lunes por la noche, fuera de la Iglesia de San Nicolás en el centro de Leipzig, la gente se reunía para expresar su cólera contra el Estado. Y para discriminar entre quienes se presentaban, el elemento determinante eran los “amigos críticos”: cuantos más amigos tenías que criticaban el régimen, más fácil era que te unieses a la protesta.
Así, un dato crucial sobre los cuatro estudiantes del mostrador de Greensboro –David Richmond, Franklin McCain, Ezell Blair y Joseph McNeil– era la relación que tenían. McNeil compartía cuarto con Blair en la residen-cia Scott Hall. Richmond compartía cuarto con McCain una planta más arriba, y Blair, Richmond y McCain habían ido todos a la misma escuela. Los cuatro metían cerveza de contrabando en el dormitorio y hablaban hasta tarde en la habitación de Blair y McNeil. Los cuatro recordaban el asesinato de Emmett Till en 1955, el boicot de autobuses en Montgomery ese mismo año y el enfrentamiento de Little Rock en 1957. Fue McNeil quien propuso la idea de sentarse en Woolworth. Lo discutieron durante casi un mes. Entonces McNeil se presentó en el cuarto y preguntó a los otros si estaban listos. Hubo una pausa y McCain dijo, de esa manera que solo funciona entre quienes hablan hasta altas horas de la noche: “¿Qué, les da culillo o qué?”. Al día siguiente, Ezell Blair consiguió el valor necesario para pedir una taza de café porque estaba flanqueado por su compañero de cuarto y dos buenos amigos de la secundaria.
El tipo de activismo asociado con las redes sociales no es tal. Las plataformas de relaciones sociales están construidas en torno a lazos informales. Twitter es una forma de seguir a (o de ser seguido por) gente que tal vez nunca hayas visto. Facebook es una herramienta para administrar a tus conocidos, para mantenerte al día con gente con la que de otra manera no estarías en contacto. Es por eso que puedes tener mil “amigos” en Facebook, cantidad que nunca tendrías en el mundo real.
En muchos sentidos se trata de algo maravilloso. Hay fuerza en los lazos débiles, como ha observado el sociólogo Mark Granovetter. Nuestros conocidos –no nuestros amigos– son nuestra mayor fuente de ideas nuevas e información. Internet nos permite sacar provecho de esas conexiones distantes con maravillosa eficiencia. Es magnífico para la difusión de la innovación, la colaboración interdisciplinaria, para relacionar continuamente a compradores y vendedores, y para las funciones logísticas del mundo de las citas. Pero los lazos informales rara vez conducen a un activismo de alto riesgo.
En un libro reciente titulado The Dragonfly Effect: Quick, Effective, and Powerful Ways to Use Social Media to Drive Social Change, el asesor comercial Andy Smith y la profesora de la Escuela de Negocios de Stanford, Jennifer Aaker, cuentan la historia de Sameer Bhatia, un joven empresario de Silicon Valley que enfermó de una grave leucemia. Es el ejemplo perfecto de las fortalezas de las redes sociales. Bhatia necesitaba un trasplante de médula, pero no pudo encontrar un donante compatible entre sus parientes y amigos. Las posibilidades de compatibilidad eran mayores con un donante de su propia etnia, pero había poca gente del sudeste asiático en la base nacional de datos sobre donantes de médula. Así que el socio de Bhatia mandó un email explicando su problema a más de cuatrocientos conocidos, que a su vez reenviaron el email a sus contactos personales; se crearon páginas en Facebook y videos en YouTube para la campaña de ayuda a Sameer. Finalmente, cerca de 25.000 personas más se inscribieron en el registro de donantes de médula, y Bhatia encontró un donante compatible.
¿Pero cómo consiguió esta campaña que tanta gente firmase? Sin pedir demasiado de ellos. Es la única manera de conseguir que alguien que no te conoce en realidad haga algo por ti. Puedes conseguir que miles de personas firmen en el registro de donantes, porque hacerlo es muy fácil. Tienes que mandar una muestra de saliva de la parte interior de la mejilla y –en el improbable caso de que tu médula sea compatible con la de alguien que necesita el trasplante– pasar algunas horas en el hospital. Donar médula espinal no es una cuestión trivial. Pero no implica riesgo financiero o personal; no significa pasar un verano perseguido por gente armada en camionetas. No requiere que te enfrentes a normas sociales ni a prácticas de atrincheramiento. En realidad, es el tipo de compromiso que tan solo puede acarrear reconocimiento social y elogio.
Los predicadores de las redes sociales no comprenden esta diferencia; parecen creer que un amigo de Facebook es lo mismo que un amigo de verdad, y que firmar en el registro de donantes de Silicon Valley es activismo en el mismo sentido que haberse sentado en un mostrador segregado en Greensboro en 1960. “Las redes sociales son particularmente efectivas para aumentar la motivación”, escriben Aaker y Smith. Pero no es cierto. Las redes sociales son efectivas para aumentar la participación, porque rebajan el nivel de motivación que esa participación requiere. La página de Facebook de la Save Darfur Coalition tiene 1.282.339 miembros, que han donado una media de nueve centavos de dólar cada uno. La institución de caridad con Darfur que le sigue en número de miembros en Faceboook tiene 22.073, donantes de una media de 35 centavos de dólar. Help Save Darfur tiene 2.797 miembros, con una media de quince centavos. Un portavoz de la Save Darfur Coalition declaró a Newsweek: “No juzgamos el valor que tiene cada persona para el movimiento con base en sus aportes económicos. Se trata de un poderoso mecanismo para comprometer a esa población crítica. Los miembros informan a su comunidad, participan en eventos, son voluntarios. Es algo que no puede medirse mirando un libro de cuentas”. En otras palabras, el activismo de Facebook triunfa no por motivar a la gente a hacer sacrificios reales sino por impulsarla a hacer pequeñas acciones que no requieren mayor compromiso. Estamos muy pero muy lejos del mostrador de Greensboro.
Los estudiantes que se unieron a las sentadas a todo lo largo del sur durante el verano de 1960 describieron el proceso como una “fiebre”. Pero el Movimiento por los Derechos Civiles fue más una campaña militar que un contagio masivo. A finales de los cincuenta, hubo dieciséis sentadas en varias ciudades del sur, quince de las cuales fueron formalmente lideradas por organizaciones como la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP) y el Congreso para la Igualdad Social (CORE). Se exploraban posibles lugares para las manifestaciones. Se trazaban planes. Los activistas tenían sesiones de entrenamiento y retiros para posibles manifestantes. Los Cuatro de Greensboro eran producto de ese trabajo sobre el terreno: todos eran miembros del Consejo de la Juventud de la NAACP. Tenían lazos cercanos con el responsable local de la organización. Conocían bien todo lo relacionado con la ola anterior de sentadas en Durham, y habían participado en reuniones del movimiento en iglesias activistas. Cuando la protesta se extendió desde Greensboro a través del sur, no lo hizo de forma indiscriminada. Se extendió a aquellas ciudades que tenían “centros del movimiento” preexistentes –un núcleo de activistas dedicado y entrenado, listo para transformar la “fiebre” en acción.
El Movimiento por los Derechos Civiles fue un activismo de alto riesgo. Fue también, fundamentalmente, un activismo estratégico; un reto a las autoridades, organizado con precisión y disciplina. La NAACP era una organización centralizada, dirigida desde Nueva York de acuerdo a unos procedimientos de trabajo rigurosamente formalizados. En la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, Martin Luther King era la autoridad incuestionable. En el centro del movimiento estaba la Iglesia negra que tenía, como señala Aldon D. Morris en su soberbio estudio de 1984, The Origins of the Civil Rights Movement, una división de funciones cuidadosamente establecidas, con varios comités y grupos disciplinados. “Cada grupo tenía designada una labor específica y coordinaba sus actividades a través de estructuras de autoridad”, escribe Morris. “Cada uno debía responder por sus tareas individualmente, y los conflictos importantes eran resueltos por el ministro, que usualmente ejercía la máxima autoridad sobre la congregación”.
Ésta es la segunda distinción fundamental entre el activismo tradicional y su variante online: los medios de comunicación no son organizaciones jerárquicas. Facebook y sus similares constituyen herramientas para construir redes, que son lo contrario, en estructura y carácter, de las jerarquías. De modo opuesto a las jerarquías, con sus reglas y procedimientos, las redes no son controladas por una autoridad única. Las decisiones se toman a través del consenso, y los lazos que unen a la gente son informales.
Esta estructura hace a las redes sumamente elásticas y adaptables en situaciones de bajo riesgo. Wikipedia es un ejemplo perfecto. No tiene un editor, sentado en Nueva York, que dirija y corrija cada entrada. El esfuerzo de articular el contenido es autoorganizado. Si cada entrada de Wikipedia se borrase mañana, el contenido sería rápidamente restaurado, porque eso es lo que pasa cuando una red de miles consagra espontáneamente su tiempo a una tarea.
Hay muchas cosas, sin embargo, que las redes no hacen bien. Las compañías automovilísticas usan una red para organizar a sus cientos de proveedores, pero no para diseñar los coches. Nadie cree que una filosofía coherente del diseño sea mejor administrada por un extenso sistema sin líderes. Como las redes no tienen una estructura centralizada de liderazgo ni líneas claras de autoridad, enfrentan problemas reales a la hora de alcanzar el consenso y fijar los objetivos. No pueden pensar estratégicamente; son propensas al conflicto y al error. ¿Cómo se pueden hacer elecciones difíciles sobre la estrategia o la orientación filosófica cuando todas las opiniones tienen el mismo valor?
La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) nació como una red, y los expertos en relaciones internaciones de Mette Eilstrup-Sangiovanni y Calvert Jones argumentan, en un ensayo reciente publicado en International Security, que fue por eso que tuvo tantos problemas al crecer. “Características estructurales típicas de las redes –la ausencia de una autoridad central, el desconocimiento de la autonomía de grupos rivales y la incapacidad para mediar conflictos a través de mecanismos formales– hicieron a la OLP excesivamente vulnerable frente a la manipulación externa y el conflicto interno”.
En la Alemania de los setenta, prosiguen los expertos, “los más unificados y exitosos terroristas de extrema izquierda tendieron a organizarse jerárquicamente, con una administración profesional y una marcada división de tareas. Estaban concentrados geográficamente en las universidades, donde podían establecer un liderazgo central, confianza y camaradería, a través de reuniones habituales cara a cara”. Rara vez traicionaron a sus camaradas durante los interrogatorios policiales. Su contraparte de la derecha estaba organizada como un conjunto de redes descentralizadas que carecían de esa disciplina. Esos grupos eran infiltrados con frecuencia, y sus miembros, una vez arrestados, entregaban sin mucha resistencia a sus copartidarios. De manera similar, Al Qaeda era más peligrosa cuando tenía una jerarquía unificada. Ahora que se ha difuminado en una red, ha demostrado ser mucho menos efectiva.
Los problemas de las redes apenas importan si no existe el proyecto de un cambio sistemático –si tan solo se quiere asustar, humillar o hacer ruido–. Pero si estás atacando a un sistema poderoso y organizado necesitas tener una jerarquía. El boicot de los autobuses en Montgomery requería la participación de decenas de miles de personas que dependían del transporte público para ir y volver del trabajo cada día. Tomó un año persuadir a esa gente de que permaneciera fiel a la causa; los organizadores del boicot encargaron a cada iglesia negra local que mantuviese la moral, y organizaron un servicio de transporte alternativo gratuito. Incluso el Consejo de Ciudadanos Blancos, dijo King más tarde, reconoció que el servicio funcionó con “precisión militar”. Cuando King llegó a Birmingham, para su enfrentamiento crucial con el comisionado de policía Eugene “Bull” Connor, contaba con un presupuesto de un millón de dólares y un centenar de trabajadores a tiempo completo sobre el terreno, divididos en unidades de trabajo. La operación misma estaba dividida en varias fases preparadas de antemano. El apoyo se mantenía a través de reuniones consecutivas en masa, rotando de iglesia en iglesia a través de la ciudad.
Boicots, sentadas y enfrentamientos no violentos –las armas que escogió el Movimiento por los Derechos Civiles– son estrategias de alto riesgo. Dejan poco espacio para el error. En el momento en que un solo manifestante se desvía del guión y responde a la provocación, la legitimidad moral de toda la protesta queda comprometida. Los entusiastas de las redes sociales nos querrán hacer creer que el trabajo de King en Birmingham habría sido muchísimo más fácil si se hubiera podido comunicar con sus seguidores a través de Facebook, y se hubiera contentado con tuitear desde una cárcel de Birmingham. Pero las redes son confusas: piensen en lo constante e incesante de la corrección y la revisión, las enmiendas y el debate, que caracterizan a la Wikipedia. Si Martin Luther King hubiera intentado un wikiboicot en Montgomery, habría sido arrollado por las estructuras blancas de poder. ¿Y para qué hubiera servido una herramienta de comunicación digital en una ciudad en la que el 98% de la comunidad negra estaba todos los domingos por la mañana en la iglesia? Lo que King necesitaba en Birmingham –disciplina y estrategia– eran cosas que las redes sociales no podían darle.
La biblia del movimiento de las redes sociales es Here Comes Everybody, de Clay Shirky, profesor en la Universidad de Nueva York, un libro pensado para demostrar el poder organizativo de internet. Comienza con la historia de Evan, quien trabajaba en Wall Street, y su amiga Ivanna, después de que ésta dejase su celular, un caro Sidekick, en el asiento trasero de un taxi de Nueva York. La compañía telefónica transfirió los datos del teléfono perdido de Ivanna a un nuevo teléfono, con lo cual ella y Evan descubrieron que el Sidekick estaba ahora en manos de una adolescente de Queens, que lo usaba para tomarse fotos con sus amigos.
Cuando Evan mandó un email a la adolescente, llamada Sasha, pidiendo que le devolviera el teléfono, ella contestó que su “culo blanco” no merecía tenerlo de vuelta. Molesto, él creó una página web con la foto de Sasha y una descripción de lo que había sucedido. Mandó el link a sus amigos, y éstos se lo mandaron a sus amigos. Alguien encontró el MySpace del novio de Sasha y llegó hasta el sitio por un vínculo en la página. Alguien encontró su dirección en línea y mientras conducía grabó un video de su casa: Evan colocó el video en el sitio. La historia fue seleccionada por el filtro de noticias Digg. Evan recibía ahora diez emails por minuto. Creó un tablero de anuncios para que sus lectores compartiesen sus historias, pero éste se hundió por la cantidad abrumadora de respuestas. Evan e Ivanna acudieron a la policía, pero la policía archivó el informe como “perdido” y no como “robado”, con lo cual, en esencia, daba el caso por cerrado. “En aquel momento millones de lectores estaban mirando –escribe Shirky– y docenas de medios de prensa masiva habían cubierto la historia”. Cediendo ante la presión, la policía de Nueva York reclasificó el objeto como “robado”, Sasha fue detenida y Evan consiguió de vuelta el Sidekick de su amiga.
El argumento de Shirky es que éste es el tipo de cosas que nunca hubiera sucedido antes de la era de internet –y tiene razón. La historia del Sidekick nunca hubiera recibido publicidad. Un ejército de gente nunca se habría reunido para combatir en esta lucha. La policía no hubiera cedido ante la presión de una sola persona que reclamaba algo tan trivial como un teléfono móvil. La historia, según Shirky, ilustra la “facilidad y velocidad con que un grupo puede movilizarse por la causa justa” en la era de internet.
Shirky considera este modelo de activismo como un avance. Pero es simplemente una forma de organizarse que favorece los lazos informales a través de los que accedemos a la información, en contraposición a los lazos fuertes que nos ayudan a perseverar frente al peligro. Desvía nuestras energías de organizaciones que promueven cambios estratégicos y actividad disciplinada, hacia aquellos que promueven elasticidad y adaptabilidad. Hace más fácil que los activistas se expresen y más difícil que esa expresión tenga cualquier tipo de impacto. Las herramientas de comunicación social sirven para hacer que el orden social existente sea más eficiente. Si opinas que todo lo que el mundo necesita son algunos retoques en los bordes, esto no deberá preocuparte. Pero si piensas que siguen existiendo barras en los cafés que necesiten acabar con la discriminación, eso debería darte que pensar.
Shirky acaba la historia del Sidekick preguntando: “¿Ahora qué pasará?”, imaginando, sin duda, futuras olas de protestas digitales. Pero ya ha contestado la pregunta. Lo que pasa después es más de lo mismo. Un mundo de conexiones débiles sirve para que los ejecutivos de Wall Street recuperen sus celulares de las manos de muchachitas adolescentes. ¡Viva la revolución!

miércoles, 22 de marzo de 2017

Los identitarios franceses. Un modelo organizativo para grupos juveniles.


Un texto para el debate. 
El mismo consiste en extractos de un artículo publicado originalmente en francés. Un estudiante de sociología, Samuel Bouron, se infiltró durante un año en los cursos de formación de las Juventudes Identitarias. A partir de esa infiltración ha publicado un trabajo en el Número 54 de la revista Agone, del que, al margen del carácter crítico de su autor con respecto al tema tratado, se pueden extraer lecciones prácticas para la militancia, acerca de los métodos de reclutamiento y formación, pero también una conclusión clara: no merece la pena crear Vanguardias si estas quedan cortadas de la gran masa popular.

EXTRACTOS DEL ARTÍCULO ORIGINAL TITULADO: “UNA MILITANCIA DE DOBLE CARA. ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN Y POLÍTICA DE FORMACIÓN DE LAS JUVENTUDES IDENTITARIAS 


RECLUTAMIENTO CONTROLADO Y RESPONSABLE
La entrada en los Identitarios sigue un proceso estandarizado. El primer contacto se establece en general por mail, excepto cuando el nuevo militante es presentado por un miembro de la organización. Un militante es entonces designado entre los cuadros del grupo para hacer el papel de “ padrino”, que debe verificar que las motivaciones del candidato a afiliarse son a la vez plausibles, coherentes y conformes a la línea política de los Identitarios1. Un discurso abiertamente neonazi sería por ejemplo un motivo de rechazo. Sin embargo, si finalmente me uní al grupo, me tomó algún tiempo durante la reunión con mi "padrino" para lograr verdaderamente la afiliación. A pesar de mis esfuerzos para aprender cosas sobre ese grupo militante, la forma en que me presenté sin duda fue inicialmente demasiado "institucional" y dependiente de la imagen que las Juventudes Identitarias envían al exterior. [...]

FORMACION DE ÉLITES 
La etapa de formación siguiente consiste en participar durante una semana en un campo identitario que reagrupa al conjunto de las secciones locales. Esta formación se puso en marcha en 2003 por Guillaume Luyt y Phillippe Vardon, que fueron sus primeros dirigentes. Su proyecto se elabora rompiendo con el amateurismo de los movimientos nacionalistas, para los cuales bastaría esperar un sobresalto revolucionario para conducir la insurrección y tomar el poder, algo que recuerda la argumentación de Dominique Venner, cincuenta años antes, en Por una crítica positiva. Según Guillaume Luyt, “una crisis de esta envergadura no se prepara en el fondo de una cueva, en la trastienda de un bar o de un sotobosque. El alzamiento espontáneo y victorioso de individuos aislados no existe. Pues antes de la insurrección debe haber no tan solo “la reforma moral, intelectual y espiritual de algunos”—según palabras de Maurras— sino también la constitución de una comunidad combatiente, aguerrida, soldada e identificada por las masas. Es precisamente en la constitución de esta comunidad de combate en lo que trabajan, durante una semana, los participantes en el primer campo de verano de las Juventudes Identitarias.” [...]

DETERMINAR LA IDENTIDAD COMO GRUPO Y COMO PERSONA DENTRO DEL GRUPO [IDENTIDAD DE GRUPO] 
Los campos de los Identitarios poseen las características de lo que Erving Goffman llama las instituciones totalitarias, es decir, “un lugar de residencia y de trabajo donde un gran número de individuos, colocados en la misma situación, alejados del mundo exterior durante un periodo relativamente largo, llevan conjuntamente una vida de clausura cuyas modalidades 2 están explícitamente y minuciosamente reglamentadas.” Nosotros, los participantes, seguimos las actividades programadas por la jerarquía militante, que se traducen cada día en hacer footing durante quince minutos seguido de estiramientos, conferencias, una sesión de boxeo, un taller práctico (realización de material militante como, por ejemplo, fabricación de plantillas para graffitis), y veladas nocturnas que consisten en cantar alrededor del fuego, todo esto exclusivamente en un entorno del cual no salimos y con unas comodidades rudimentarias. La disciplina es militar, incluyendo un uniforme que se compone de un pantalón corto beige y de una camiseta azul con el logo de los Identitarios que llevamos durante toda la semana, y formando en fila para iniciar las actividades colectivas. Todo está hecho para que cada militante se remita totalmente a la institución y que no exista nada más fuera de los límites que ésta ha trazado. También, en el campamento Identitario, una multitud de rituales se suceden durante una semana. [...]

IDENTIDAD DENTRO DEL GRUPO A TRAVÉS DE LA REAFIRMACIÓN DE LA IDENTIDAD PERSONAL 
Los militantes que participan por vez primera rellenan desde el primer día un cuestionario biográfico sobre su recorrido vital: la profesión de sus padres, los diplomas obtenidos, la situación profesional y matrimonial, pero también la experiencia militante y los diferentes recursos movilizables en política. Es sobre la base de este cuestionario que tiene lugar una entrevista ulterior con los jefes de las Juventudes Identitarias, que tiene como meta trazar todo el recorrido biográfico del individuo, hasta su compromiso militante. El cuestionario biográfico y la entrevista tienen como objetivo tomar conciencia de los “ tesoros” que la persona lleva en sí y de la importancia del “combate” que ella debería llevar. Este encuentro con los representantes de la institución es el momento por el cual la vida de los militantes se considera que toma un nuevo sentido, porque se les daría a ver el mundo bajo un nuevo ángulo. Como un personaje de novela, se supone que el joven militante descubre que él es el guardian de las tradiciones de su país, y lleva sobre sus espaldas toda su herencia familiar, que corre el peligro de ser destruida por la intrusión de enemigos muy decididos, en este imaginario, a imponer una cultura “diferente”. Todo este dispositivo se supone que produce “una auto-revelación” en los aspirantes a los Identitarios. Siguiendo una lógica muy conocida y ya descrita por otras instituciones totalitarias, la fusión en un solo sitio y un solo grupo de todos los terrenos de actividades habitualmente separadas – el recorrido familiar, escolar, profesional, político, etc. – es para remodelar las identidades sociales de las personas enroladas. [...] El campo identitario aparece así como un espacio de repolitización y de recombinación de las disposiciones sociales, donde se escenifica permanentemente la oposición entre el mundo militante y el mundo exterior. Los nuevos militantes sufren, por ejemplo, en los primeros días una novatada: falsos enemigos simulan un ataque al campamento, para ponerlos en una situación de stress. Contrariamente a lo que se suele pensar a propósito de las “instituciones totales”, no se llega a ser identitario al sufrir un “lavado de cerebro”. Se aprenden algunas cosas por ejemplo sobre Dominique Venner, Alain de Benoist o incluso Guillaume Faye, por citar figuras intelectuales que inspiran al movimiento identitario. La doctrina no es verdaderamente transmitida de manera explícita. Pero esto no significa que no se aprenda nada. Los muchos rituales que adicionan la vida colectiva transmiten de hecho una determinada visión del mundo, porque instauran divisiones fundamentales del orden social. Se entra en una especie de juego de roles donde los jóvenes identitarios serían héroes, poseerían la fuerza, la valentía, la lealtad –muchas disposiciones viriles– y entrarían en guerra contra los “desarraigados” –aquellos que no serían originarios de la “Europa blanca”–, aunque también contra los “bobos” (burgueses bohemios, N. del T.) y los “rojos”, siempre situados del lado de la debilidad física y moral. El proceso de socialización de los identitarios siempre busca interiorizar progresivamente los modos de clasificación necesarios para saber interpretar y orientarse en el mundo político. [...]


EMPLEO Y NO RECHAZO DE ELEMENTOS DE LA CULTURA POPULAR 
Para lograrlo, las temáticas que aprenden sus cuadros las sacan de la cultura popular y pueden a veces también inspirarse en películas famosas, como Braveheart, 300, El club de la lucha o incluso El señor de los anillos. Un campamento de identitarios por ejemplo estuvo consagrado a la trilogía de Tolkien en 2012, donde un trabajo de reinterpretación de la obra fue realizado. Los militantes fueron invitados a identificarse con el personaje con el cual sentían más afinidad. En el caso del Club de la lucha, que les remite tanto a la novela de Chuck Palahniuk como a su versión cinematográfica realizada por David Fincher, los militantes parisinos de las Juventudes Identitarias se inspiran en el “Proyecto Caos” del film para escoger el nombre de su sección: el Proyecto Apache 2. Poco importa que la novela haga referencia explícita al anarquismo 3, no se trata de aplicar directamente el escenario de la película, sino sobre todo de inspirarse de su estilo o de su estética en la construcción del movimiento político. Una de las normas del film consiste en también en luchar desde la primera aparición en el Club de la Lucha. En los Identitarios, cada militante que participa en su primer campamento es invitado a luchar el fin de semana contra uno de los suyos, alrededor de un minuto, en una puesta en escena que recuerda en cierto modo a la película. Los dos combatientes son situados en el centro de un ring ficticio, y los otros militantes se reparten alrededor y envalentonan a cada uno de ellos. El grado de violencia es menos importante que en el film y las protecciones evitan el riesgo de sufrir heridas, pero aquellos que participan en este rito tienen el sentimiento de pertenecer a una comunidad extraordinaria – de no tan solo vivir su sueño de heroísmo a través del personaje de una película, sino de encarnarlo ellos mismos. [...]

CASAS IDENTITARIAS: EN EL CORAZÓN DE LAS GRANDES CIUDADES 
A primera vista, esta estrategia de creación de lugares autogestionados, cerrados en sí mismos, parece contradecir el proyecto “metapolítico” de penetrar en los mundos cultural y político establecidos. Pero el alejamiento del mundo operado por los Identitarios es totalmente relativo. Las Casas Identitarias están casi siempre situadas en el corazón de las grandes ciudades; y las secciones militantes más importantes en número, e igualmente en influencia en el seno de las Juventudes Identitarias, se hallan en el espacio urbano, es decir, próximas a los lugares de poder, tanto económicos como culturales. Dicho de otro modo, en su estrategia de toma del poder, los identitarios crean bases de repliegue en el corazón del sistema que desean destruir. De hecho, pese a su discurso regionalista, el movimiento identitario se desarrolla muy poco en las zonas rurales, de modo que las prácticas tradicionalmente presentes en estos territorios, como la caza y la pesca, son casi inexistentes. No hemos encontrado tampoco a agricultores. Además, los Identitarios no forman parte de la juventud menos titulada o la más desfavorecida económicamente. La gran mayoría de sus miembros estudian en la Universidad donde han obtenido un diploma. Están familiarizados con una cultura científica y no se mantienen aparte del mundo de la industria cultural (cine, deporte, música, etc.). El rechazo a los atributos del movimiento skinhead puede justificarse políticamente por la ideología de sus cuadros, pero se refiere igualmente a un cierto desprecio (clasista) hacia éstos últimos – llamados los “gogols88”. [...]

ESTILO 
El código vestimentario adoptado pretende por el contrario demostrar un cierto “estilo”, ante todo heredera de la que presentan los estudiantes de derecho del GUD o de los hooligans contemporáneos, más que de las bandas nacionalistas normalmente asociadas a “matones”. Su estilo “casual” se acerca a un determinado dandismo asociado con un estilo deportivo, de apariencia joven e informal – por ejemplo, calzado deportivo vintage como las Adidas Stan Smith – con una vestimenta más tradicional y más cercana al de las clases superiores, buscando un efecto más “elegante”. Individualmente, los Identitarios son difícilmente identificables por un ojo inadvertido y pueden estar totalmente fuera de sospecha de su militancia de extrema derecha, principalmente en su medio profesional. Algunos se divierten viendo a sus colegas, que no conocen sus opiniones políticas, lamentarse ante ellos de las ideologías de extrema derecha. Tal como resulta en el cambio de la vestimenta, el estilo de vida de los Identitarios no consiste solamente en rechazar el mundo cultural del que forman parte. Para no quedar fuera del juego político y mediático, aceptan sus reglas, las dominan, pero con la finalidad de reinterpretarlas para su beneficio. A este respecto, las Casas identitarias constituyen espacios en los cuales ellos “pueden dominar y apropiarse de los sistemas de valores del nuevo mundo en el cual vivimos ahora”. Con este trabajo de reinterpretación, la doctrina política de los Identitarios no aparece casi nunca bajo su forma explícita, siempre se deja ver en contexto, aplicada a los acontecimientos cotidianos. Para los dirigentes del movimiento, el Campamento y las Casas identitarias son innegablemente un instrumento de control “desde arriba” de los militantes. Hemos insistido sobre todo en el proceso de socialización de los nuevos llegados mediante los diferentes rituales que les constituyen progresivamente como miembros completos del grupo, pero estos mismos rituales sirven también para seleccionar y jerarquizar a los militantes entre ellos. El final del Campamento marca también un determinado número de distinciones que sirven para recompensar el compromiso de algunos durante el año que se acaba. Los dirigentes consagran a la mejor sección y al mejor militante. Algunos son llamados a unirse al “clan”, que corresponde al estrato superior del movimiento. […]

JERARQUIA: A CADA CUAL SEGÚN SU CAPACIDAD 
De hecho, una separación se establece entre, por un lado, aquellos que dirigen las secciones locales, que reciben las informaciones por parte de los altos mandos de los Identitarios y que toman las decisiones localmente; y por otro lado, aquellos que se limitan tan solo a ser los “brazos militantes”. Este antagonismo está incluso señalado por el perfil de los militantes presentes según los tipos de manifestaciones colectivas observadas tras el campamento de los Identitarios. Cuanto más nos acercamos a actividades culturales, como las conferencias, que necesitan estar sentados en una silla durante mucho rato, más el público se restringe a un núcleo de cuadros. Por el contrario, cuanto más se acerca la actividad a actuaciones colectivas, por ejemplo un concierto de rock identitario francés, más el público se extiende hacia físicos más viriles (cráneos afeitados, look skinhead, etc.), de los que una parte constituye el servicio de orden, pero que se mantienen a distancia del mundo mediático. Esta jerarquía no se impone de manera mecánica, en el sentido de que se impondría directamente desde la “base”. Controla sobre todo las ramificaciones locales manteniendo un derecho de opinión sobre la ocupación de los puestos que tienen acceso al espacio público y a los medios. Mediante este sistema, los militantes menos presentables se mantienen en la oscuridad del movimiento y, inversamente, aquellos que toman importancia logran normalmente especializarse en un terreno concreto: deportes de combate, música, comunicación, etc.; en resumen, aquellos que tienen recursos para hacerse valer en los campos mediático y político. Intentan dar una imagen contestataria del movimiento, donde se percibe que los Identitarios están en realidad ajustados a la estructura social del campo político, separando ellos mismos a aquellos que disponen de recursos profesionalizables de aquellos que no tienen. Este modo de control, sin embargo, introduce una flexibilidad relativa, que ofrece a priori la posibilidad de sacar lo mejor de los recursos de los cuadros militantes y autoriza una cierta división del trabajo en el interior de la estructura. Los lyoneses son más reconocidos por la calidad de su comunicación, los parisinos más por su estética de vanguardia y sus producciones musicales, los alsacianos y los de Niza, por poner de manifiesto sus particularismos regionales. [...]

LIMITACIONES Y PROBLEMAS DE INTEGRACIÓN 
A pesar de todo, este tipo de organización presenta también sus limitaciones. El esquema clásico de la carrera política de los Identitarios consistiría en “hacer sus primeras armas” en el seno de las secciones juveniles, luego inscribirse tras haber cumplido los 30 años en el Bloque Identitario, para llevar un combate más directamente político. En realidad, el paso de uno a otro estado son relativamente escasos. Excepto los dirigentes, muchos no se decidirán por estar en un partido y una gran parte de los militantes se desinteresarán incluso de las actividades que les hacen salir de su entorno e ir al encuentro de un público al que convencer. Por ejemplo, cuando Arnaud Gouillon nos anuncia, en el campamento, que el Bloque Identitario presentará un candidato para las elecciones presidenciales de 2012 (nosotros aún no sabemos quién es el candidato escogido), algo que abre la oportunidad de una mayor notoriedad ante el público general, y que es una decisión tomada sin ningún acuerdo con las Juventudes Identitarias, normalmente se acoge con hostilidad o indiferencia más que con entusiasmo. Ya dentro del campamento, Philippe Vardon, cofundador del Bloque Identitario, no escondió su decepción al ver que solo algunos militantes se presentaban en las elecciones cantonales. [...]

UNA VANGUARDIA CORTADA DE LAS MASAS ¿SIGUE SIENDO VANGUARDIA? 
En efecto, los militantes generalmente tienen poco interés por hacer campañas. Reunirse con los ciudadanos de su barrio para defender sus ideas, inventar consignas, organizar acciones de sensibilización, repartir panfletos en el mercado, hallar un gestor financiero para llevar las finanzas, son cosas que paradójicamente forman parte del “trabajo sucio”. Participar en el juego político implica una forma de sumisión que lleva a perder el sentimiento de radicalismo conquistado en el seno de un espacio anónimo, fantasioso y obediente a sus propias normas. Es también el medio para algunos militantes de existir en la distancia de la sociabilidad viril. Pero la mayoría permanecen anónimos y prolongan la autonomía del campo de los Identitarios reproduciendo este mundillo en las Casas identitarias, las carteladas nocturnas, los conciertos, las veladas privadas e incluso los cursillos de boxeo. El placer de pertenecer a una comunidad de acción y de creencias se basta a sí misma. [...]

TRABAJANDO, INVOLUNTARIAMENTE, PARA EL FRENTE NACIONAL 
La eficacia política de la estrategia de los Identitarios resulta de ese modo, por el momento, muy limitada. La voluntad de implantarse a nivel local para presentarse en las elecciones locales y tomar el control de los territorios que les son más favorables no ha funcionado desde el punto de vista electoral. Por ejemplo, la ambición de Nissa Rebela para convertirse en la tercera fuerza política de Niza fue un fracaso, y los candidatos de los Identitarios raramente logran puntuaciones de dos dígitos cuando se presentan bajo esta etiqueta. En general, los Identitarios realmente no han registrado ningún éxito más que algunas agitaciones mediáticas y cuando se trata de cuestión política, es principalmente el Frente Nacional quien parece cosechar los frutos de su trabajo. Cualquier persona que desearía hacer una carrera en la política ve pocas perspectivas de hecho en el Bloque Identitario, mientras que al mismo tiempo, la creación del Rassemblement Bleu Marine permite la integración de aquellos a quienes el partido considera como los mejores elementos de los Identitarios.

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ANÁLISIS 
Vemos en este artículo de un lado una serie de elementos positivos desde el punto de vista organizativo. No entra cualquiera, uno no se afilia sencillamente apareciendo desde la nada. Los militantes son seleccionados y entrevistados—el hecho de que un sociólogo que se ajusta a los estándares vitales del movimiento (blanco, francés de 25 años y practicante de deportes de riesgo) y conoce el lenguaje de los infiltrados haya logrado entrar en el grupo por la puerta falsa no basta para descalificar esas entrevistas. Al reclutamiento sigue la formación a través del ejemplo más que de los textos. El campamento permite desarrollar una serie de intercambios y efectuar una serie de pruebas que dejan fuera a los poco convencidos pero también a los inestables. Podemos observar también el empleo de formas de la cultura moderna y no su rechazo como elementos de integración y socialización. El militante no vive en un vacío cultural al margen de la gente que le rodea. Puede integrarse en la sociedad que lo rodea y hablar de los mismos temas, televisión, películas que sus amigos, pero sabe además comprenderlas según sus ideas. Vemos, el mismo autor lo señala, que no se intenta un lavado de cerebro de los miembros sino antes bien ponerles en contacto consigo mismos a través de su linaje: entrevista sobre los antecedentes familiares. Y que la formación no consistiría tanto en el aprendizaje de una serie de textos sino de una serie de actitudes antes los camaradas y la vida. El resultado es, o debiera ser, un militante bien formado, equilibrado dentro de su grupo, capaz de trabajar en equipo, dotado incluso de un espíritu de cuerpo. Capaz también de mimetizarse en su medio ambiente. El militante aquí descrito tiene muchas oportunidades de integrarse en la sociedad que lo rodea. Partes, aquí no reproducidas, del artículo original indican la desconfianza de los mandos ante los tatuajes, la búsqueda de un aspecto formal y profesional. Y sin embargo, el grupo continua siendo marginal dentro de la política francesa. ¿Por qué? El autor del artículo, dentro del mismo, nos da respuesta a esa cuestión “El placer de pertenecer a una comunidad de acción y de creencias se basta a sí misma.” Otros grupos han creado casas en el corazón del mundo que intentan destruir, Casa Pound en Roma es uno de los mejores ejemplos, pero lo que diferencia a las Casas Identitarias es que se han convertido en centros que trabajan hacia dentro, no se saben proyectar al exterior. La creación de un cuerpo de élite, basado en la lealtad mutua entre sus miembros y hacia unas ideas claras, ha hecho que se desprecie primero y se abandone después un terreno, el de la política que es por definición el del compromiso cotidiano entre la idea y la realidad. La generación identitaria sin serlo todavía va camino de parecerse a una secta más que a un partido. De alguna manera, y cayendo en una comparación histórica molesta por sus connotaciones pero en modo alguno forzada, es como si alguien para conquistar el poder hubiera creado no una SA, capaz de salir a la calle, sino una SS encerrada dentro de sus propios valores. Los identitarios han sabido recrear unas ideas, procedentes de la Nueva Derecha, de Dominique Venner, de Alain de Benoist y llevarlas al terreno político, incluso presentarlas de forma atractiva—realizando de pasada un gran trabajo de renovación en el terreno de lo gráfico—, pero no han sabido explotar después el impacto de esas ideas. Afortunadamente, o no, para ellos, existen otras entidades, si se quiere menos puras doctrinalmente, que han sabido explotar el ambiente creado por ellos. El amor a la tierra, el arraigo, no es algo impostado o de fin de semana sino parte del currículo personal de la mayor parte de los miembros de las Juventuts Identitaries y una de sus grandes bazas en un mundo que está a la vez más descentralizado y mejor comunicado.
¿Qué iniciativas pueden copiarse de los identitarios? Los campamentos que pueden convertirse en retiros de fin de semana, en compañía de conferenciantes. La capacidad para integrar los elementos (algunos elementos) de la cultura moderna en la vida política del grupo, lo que podría hacerse a través de cineclubs o de conferencias y con el establecimiento de una base de películas que puedan ser de interés formativo, o de una lista de libros y películas recomendados para la formación de los militantes. La renovación en lo que se refiere al empleo de los medios de comunicación modernos para crear una imagen renovada, que podría reflejarse en la creación de talleres literarios o artísticos, cursos de photoshop, quarxpress o indesign para militantes.


Notas
1 El artículo original incluye una descripción de la entrevista en la que el “padrino” trata de determinar el origen e intereses del presunto recluta, así como de las medidas de seguridad antes de la entrevista en territorio neutral.
2 Alusión a la situación de los europeos dentro de algunos barrios de París, donde se sienten como Apaches en una reserva, pero también recuerdo de una subcultura juvenil urbana, específicamente parisina, los Apaches, de principios del Siglo XX.
3 Inexacto. The Fight Club, la novela más que el film admiten algunas lecturas anarquistas pero no mencionan explícitamente el anarquismo. Por otra parte el sistema organizativo que presenta la novela, organizado en torno a un jefe carismático, reafirmador de las virtudes masculinas perdidas a lo largo del Siglo XX, difícilmente se ajusta a las ideas del anarquismo moderno.

Más información sobre los Identitarios
Juventudes Identitariaswww.generation-identitaire.com/

Bloque identitariowww.bloc-identitaire.com/ 


miércoles, 15 de marzo de 2017

Montherlant


Escena de la vida barcelonesa

Voy poco al centro de Barcelona, demasiada gente, demasiado turista, precios altos para atender al turista, en realidad para sangrarle... pero por lo menos la arquitectura es fabulosa y si sabes donde ir encuentras un pasado glorioso, hermoso... las columnas del Templo de Augusto, el Cristo de Lepanto, el patio del Archivo de la Ciudad de Barcelona en la casa del Arcediano, els Quatre Gats con su decoración fuera de lugar, que sugiere cualquier cosa menos la Barcelona Noucentista, las murallas romanas (ahora es más fácil acceder a ellas) que rodean el barrio gótico... Vamos, que está muy bien.


Hoy he tenido que ir al centro, a cobrar una traducción y en lugar de volver a casa he decidido darme un paseo. En una de las calles cercanas a la Plaza de San Jaime hay una vieja tienda de libros de segunda mano que lentamente se está reconvirtiendo en tienda para turistas... Ahí he sido testigo de uno de los diálogos para besugos más torpes que he visto y oído en bastante tiempo. De un lado dos turistas asiáticas, japonesas, o chinas, o algo así, que eran la parte seria del diálogo –los diálogos para besugos son más divertidos cuando una de las partes se comporta seriamente—y del otro el dependiente/administrador/propietario (probablemente propietario) de la misma.

Ellas querían una guía de Barcelona en español... y ya tenían una en la mano, y preguntaban en un inglés más que aceptable si aquella guía estaba en español... Él lo negaba en su cerrado catañol, esa mezcla urbana de catalán y español que carece de la ligereza mediterránea del catalán y de la cortante elegancia del castellano (como podéis ver por esta frase me estoy preparando para escribir en sitios serios y pedantes)... El propietario/dependiente/todo-lo-demás es también un nacionalista catalán y se indigna ante la simple idea de que el castellano sea llamado español... pero su problema es que no habla inglés, ni francés, ni español (perdón castellano), y me atrevería a decir que ni siquiera su catalán es particularmente bueno... Vamos que no es Josep Pla en ningún sentido (debe joder eso de que el mejor escritor catalán contemporáneo no sólo no fuera nacionalista catalán sino que además fuera franquista)...  Como no sabe hablar hace lo que todos aquellos que no saben hablar hacen cuando tratan de hacerse entender: levanta la voz para decir NO ESPAÑOL (o tal vez NO ESPANYOL), CASTILIAN... lo que evidentemente no resuelve ninguna duda cuando no se puede pasar de ahí.
Al cabo de tres o cuatro minutos de discusión, las japonesas se van con las manos vacías. El dependiente/saboteador-de-su-propio-negocio se queda sin venta. La guía que no ha querido vender como española lleva claramente escrita la palabra español en portada. Las turistas han aguantado lo que han podido. Él ha logrado una pequeña victoria para el nacionalismo catalán frente al imperialismo cultural madrileño, que de forma absolutamente injusta nadie incluirá en ningún libro de historia, y, de paso, dejado de vender quince euros...  El propietario chino de la tienda para turistas de la esquina siguiente, que tiene esteladas separatistas, banderas españolas con y sin toro, sombreros cordobeses y mexicanos, y horribles ceniceros pseudo-gaudinianos de cerámica que invitan al vandalismo, sí ha vendido esos quince euros. Dos o tres minutos después de salir de la tienda del nacionalista he podido ver a las japonesas—sí debían ser japonesas porque el vendedor es chino y están hablando con él en inglés— comprando exactamente la misma guía de Barcelona.

¿Moraleja? Nunca he pretendido que mis estampas la tengan... Podría decir que ser separatista conducirá a ese hombre a la ruina... pretender incluso que esta imagen es la de una Cataluña que se encierra sobre sí misma, es incapaz de hablar con los demás y/o comprenderlos y se va al carajo... Pero no: es sólo una estampa real sobre un pobre tipo que incluso antes de ser nacionalista-soberanista-separatista no debía ser muy listo.



CELINE

Y eso que no llegó a conocer la
Televisión Privada Española.